19 de noviembre de 2025 · 7 min de lectura

¿Necesitas una pausa? Yo también.

Lo que estoy descubriendo mientras freno por primera vez en mucho tiempo: burnout, espacio, simplicidad, y por qué empezar de nuevo no borra lo que hiciste.

CompartirXLinkedIn
¿Necesitas una pausa? Yo también.

Y esto es lo que estoy descubriendo mientras freno por primera vez en mucho tiempo.

Estoy viviendo uno de los procesos más profundos de mi vida y, mientras pasa, estoy tomando nota. No desde la teoría, sino desde lo que realmente estoy sintiendo.

Quiero empezar con algo muy simple: gracias. A quienes han confiado en mí desde el principio, a quienes han estado en los momentos altos y en los silencios. Nada de lo que he construido ha sido solo. Siempre ha habido gente sumando alrededor.

Hoy no escribo para contar "lo que pasó". Escribo para contar lo que está pasando ahora.

Estoy en una transición que no planeé tal cual, pero que hoy entiendo que necesitaba. Me obligó a parar, a mirarme de frente y a cuestionar la idea de que éxito es solo "subir más rápido" en lugar de crecer más consciente.

El contexto

Hace tres meses cerré mi etapa en Globant, la compañía que adquirió mi empresa, un capítulo por el que siempre voy a estar agradecido.

Vender a Globant no fue simplemente un cambio profesional; fue un cambio de vida. Fueron años intensos construyendo ad_bid desde cero, abriendo oficinas en Colombia y México, formando y liderando equipos talentosos, enfrentando desafíos que no enseñan en ningún libro y viviendo, de principio a fin, el proceso largo, emocional y profundamente transformador de vender lo que había creado con tanto esfuerzo.

Con esa salida se activó el famoso garden leave de Singapur: tres meses en los que no puedes trabajar, no puedes buscar trabajo y no puedes moverte profesionalmente.

En papel es una cláusula legal. En la vida real, es una pausa con un alto impacto emocional. Al principio pensé que sería un simple "entretiempo". Hoy sé que es mucho más que eso.

De ahí nacen todos estos aprendizajes.

1. Llevaba años en burnout… y recién ahora lo veo

Cuando el ruido se apaga, aparecen cosas que antes no veías.

Sin llamadas, sin viajes constantes, sin chats urgentes, me di cuenta de que llevaba mucho tiempo en modo desgaste. En Latinoamérica normalizamos trabajar sin parar. Eso te hace fuerte, pero también te hace ciego a tu propio límite.

Con más espacio mental vi decisiones tomadas desde el cansancio, no desde la estrategia. Una mente siempre encendida, sin apagado total.

Y ahí entendí algo importante: no siempre se trata de hacer más, sino de permitirte hacer menos para ver mejor.

2. El tiempo libre bien usado te reacomoda por dentro

Estar en Singapur, 13–14 horas adelante de casi todo mi mundo anterior, significa algo simple: muchas horas del día sin mensajes, sin reuniones, sin ruido.

Al principio se siente raro. Después entiendes que no es vacío, es espacio.

Por primera vez en años tengo horas donde no reacciono a nada. Y en ese silencio he podido escuchar preguntas que antes tapaba con trabajo: ¿qué quiero ahora?, ¿qué me sigue haciendo sentido?, ¿qué ya no?

Ese tiempo libre me está dando algo que no compraba con ningún salario: perspectiva y autoconocimiento.

3. Volver a aprender en serio te vuelve a encender la cabeza

En esa pausa apareció algo que me está moviendo mucho: aprender (self learning).

Siempre quise meterme de lleno en tecnología, programación, IA, infraestructura, producto… pero la vida que llevaba no me dejaba hacerlo con profundidad. Siempre quedaba para "algún día".

Ese "algún día" llegó.

Hoy mis días tienen documentación, pruebas, errores, repositorios, APIs, modelos, flujos, prototipos. Me levanto con ganas de entender algo nuevo y me duermo con la cabeza llena de ideas.

Se siente como cuando eras adolescente y algo te obsesionaba para bien. Y el aprendizaje acá es claro: cuando vuelves a aprender de verdad, tu creatividad explota. No solo sabes más, ves más.

4. Volver a empezar da miedo… pero también libera

No es lo mismo arrancar desde cero cuando no tienes nada, que cuando ya vendiste una empresa, entraste a una multinacional y construiste cierta reputación.

Las preguntas son duras: ¿y si no vuelvo a construir algo tan grande? ¿y si mi mejor momento ya pasó? ¿y si me equivoqué?

Ese miedo lo tengo hoy, no en abstracto. Pero mirar ese miedo de frente, sin maquillaje, lo ha ido poniendo en su lugar.

Estoy entendiendo que empezar de nuevo no borra lo que hiciste. Lo sostiene. Y que no soy solo cargos, logros o títulos, sino todo lo que aprendí mientras los vivía.

5. Simplificar te enseña qué de verdad importa

Vivir en uno de los países más caros del mundo te obliga a revisar tu relación con el dinero y las cosas.

Pasé de tener el carro que quería en México a ir feliz en bus en Singapur. De comprar sin pensar a preguntarme qué uso realmente. De acumular por inercia a filtrar: "¿esto me suma o solo tapa un hueco?".

Cuando reduces lo de afuera, baja el ruido de adentro. Y ahí ves mejor qué te aporta y qué te distrae.

6. Cambiar de región te rompe muchos supuestos

Jakarta, Bangkok, Singapur… comidas distintas, ritmos distintos, maneras de trabajar y de pensar muy diferentes a las que traía de fábrica.

Me he dado cuenta de cuántos sesgos tenía puestos: la influencia americana, la lógica latina, mi educación, mi historia.

Estar en Asia no ha sido turismo; ha sido confrontación. Y eso me está ayudando a reconstruir mi propia forma de ver el mundo y estar en apertura.

7. El cuerpo también estaba pidiendo cambio

En medio de todo este proceso, mi cuerpo también habló.

Cambió mi rutina, mis horarios, mi forma de moverme. Empecé a notar cosas que antes ignoraba: el cansancio real, la necesidad de dormir mejor, el efecto de la alimentación, el impacto de hacer o no hacer ejercicio.

Estoy aprendiendo a escucharlo en serio. A entender que no es un recurso infinito, es parte del equipo.

8. No tengo todas las respuestas… y está bien

Lo único que tengo claro es esto:

Voy a emprender otra vez. Quiero construir algo que una tecnología, creatividad, IA y propósito. Quiero hacerlo con más calma, más foco y más humanidad.

No tengo el plan perfecto ni todas las piezas ordenadas. Antes eso me habría quitado el sueño. Hoy convivo con esa incertidumbre.

Porque ya entendí que estoy en medio del camino, no al final. Y que la vida no viene en línea recta.

Si tú también estás en un "mientras tanto", esto es para ti

Si estás en un momento raro, de esos donde sientes que estás entre una etapa que terminó y otra que aún no empieza, te entiendo. No es un lugar cómodo, pero es un lugar honesto. Y muchas veces, es el que más enseña.

Quizás estás cansado, confundido, tomando distancia de algo que construiste durante años, replanteando decisiones que antes dabas por seguras o simplemente intentando entender qué viene ahora. Ese "mientras tanto" nadie lo celebra, nadie lo postea, nadie lo explica… pero todos pasamos por ahí.

Y desde este lugar en el que estoy, quiero decirte algo con absoluta sinceridad:

  • No estás fallando por frenar.
  • No eres menos por cuestionarte.
  • No estás tarde por no tener todas las respuestas.
  • No eres débil por sentirte perdido por momentos.
  • Y no eres el único que está tratando de reencontrarse.

A veces la vida te quita velocidad no para castigarte, sino para devolverte visión. Para que veas lo que no veías cuando estabas corriendo.

Ese "mientras tanto" no es un fracaso. Es una invitación. Una invitación a escucharte, a reordenarte, a cuestionar lo que ya no te hace bien, a abrir espacio para lo que sí, y a construir desde un lugar más honesto y más tuyo.

Y aunque no lo parezca, en estos momentos se acomodan cosas que venían desordenadas desde hace mucho tiempo: prioridades, energía, expectativas, relaciones, límites, sueños.

Yo todavía estoy en este proceso: tengo dudas, tengo miedos, tengo días muy claros y días donde nada hace sentido, pero algo sí lo tengo claro: este tiempo no me está quitando nada. Me está devolviendo mucho.

No importa si estás empezando, cerrando o reinventándote: siempre puedes rediseñar tu siguiente capítulo. No estás tarde. No estás detrás. No estás solo. Estás cambiando. Y cambiar también es avanzar.

A veces la vida te pausa para devolverte claridad. Y desde esa claridad, lo que viene después puede ser mucho más grande y más auténtico de lo que imaginabas.

Gracias y lo que viene

Antes de cerrar, gracias por llegar hasta acá. Gracias por leer, por acompañar este proceso y por abrir este espacio conmigo.

Y también quiero agradecer a quienes han sido mi soporte real durante este año tan raro, retador y transformador:

Gracias a mi familia, que siempre ha sido mi tierra firme. Gracias a mis papás, que me enseñaron a trabajar con amor, a ser empático, a colaborar y a pausar cuando hace falta. Gracias a mis amigos de verdad, los que han estado en los días ruidosos y en los silenciosos, en las dudas y en las celebraciones. Gracias a quienes han acompañado este proceso con paciencia, cariño y sin presiones. Y gracias, sobre todo, a mi esposa: mi compañera y mi equilibrio, con quien todo esto se siente más claro, más ligero y más profundo al mismo tiempo.

Este "mientras tanto" me mostró algo que a veces se olvida: quién está, quién suma, quién acompaña y quién sostiene. Solo eso ya vale una vida entera.

¿Y ahora qué viene?

No un regreso, sino una evolución.

Mi plan por ahora es simple: seguir aprendiendo, seguir prototipando, seguir sanando, seguir viajando, y muy pronto formalizar una nueva empresa alineada con quien soy hoy.

No busco volver a una versión anterior de mí. Estoy construyendo una mejor.

Gracias por caminar conmigo este tramo.

transitionreflectioncareersingapore
CompartirXLinkedIn

Comentarios(0)

Sé el primero en comentar.

Markdown ligero (**bold**, *italic*, [texto](url), `code`). Los comentarios se moderan.

Tu email es privado. Tu IP se conserva 90 días contra spam. Privacidad.

Sigue leyendo