11 de junio de 2025 · 6 min de lectura

Un mes en Singapur: empezar de cero otra vez

Vivir en Singapur, soltar lo de México, decir sí a todo, una nueva relación con el dinero, y por qué moverse al otro lado del mundo te reconfigura.

CompartirXLinkedIn
Un mes en Singapur: empezar de cero otra vez

Llevamos un mes y una semana viviendo en Singapur. Desde que salimos de México, mucha gente me ha preguntado cómo se siente estar del otro lado del mundo, y me pareció importante escribirlo. No por dar consejos, ni mucho menos. Solo para compartir lo que ha pasado, lo que hemos sentido, y lo que hemos aprendido en este tiempo. Porque es mucho.

Volver a empezar. Otra vez.

Llegar a otro país es como formatearse. Así, literal. Todo funciona diferente. Y cuando digo todo, es TODO: desde cómo se abre una cuenta en el banco, hasta cómo se consigue una SIM card, cómo se paga el transporte, qué se come, cómo se pide.

Es como si te volvieras niño por unos días, hasta entender cómo funciona la vida acá. Y ahí empieza el reto: estar dispuesto a aprenderlo todo otra vez, sin resistirte, sin quejarte, sin querer que las cosas funcionen "como allá".

Aprender a decir que sí

Una de las cosas más lindas que nos ha pasado desde que llegamos es que empezamos a decirle sí a todo. Sí a comidas que no sabemos pronunciar. Sí a reuniones con gente que no conocemos. Sí a eventos donde no sabemos bien por qué fuimos.

Y ha sido una locura, en el mejor sentido. Cada "sí" nos ha traído una historia. Gente que jamás habríamos conocido. Ideas que no habríamos tenido. Cosas que no sabíamos que nos gustaban. Y eso nos ha abierto un montón.

El transporte, los esquemas... y el aire acondicionado

Vengo de una cultura donde tener carro propio es parte del éxito. Acá es un poco diferente: tener auto es demasiado costo porque buscan que la gente use el MRT. El metro, los buses, todo funciona. Todo es limpio, seguro, rápido. Muchas veces llego más rápido en MRT que en Grab (que es como el Uber acá).

Y en el camino me reconecto conmigo, escucho un podcast, respiro.

Ahora, lo del aire acondicionado sí ha sido otro tema. Porque la humedad es muy fuerte y uno lo necesita todo el tiempo. Pero también es un problema cuando tú quieres 24 grados y tu pareja quiere 20. Vivir con aire acondicionado, créanme, es un tema. Y como pareja, hemos tenido que negociar hasta eso.

Una relación completamente distinta con el dinero

Algo que me voló la cabeza es cómo se relacionan con el dinero acá. Todo está pensado para ahorrar: cashback, cupones, puntos, apps que conectan con otras apps. Y no por tacañería, sino por eficiencia. Por lógica.

Yo nunca había usado tanto código de referido ni había recibido tantos puntos de vuelta en compras y reseñas. Es otra manera de ver la plata. Y al principio cuesta, pero después… te empieza a gustar. Es como un juego de acumular puntos y recompensas.

El respeto se ve, se siente, se vive

Acá conviven muchas culturas: la herencia china, la malaya, la india, y todas tienen su espacio, su respeto. Es algo que se vive en lo pequeño: en cómo se etiquetan los platos para respetar si algo es Halal o no. En cómo se siguen reglas como no subir durian al bus por su olor. Y nadie está ahí vigilando. Es la gente la que hace cumplir las reglas.

La comunidad cuida el orden. Eso me parece "hermoso".

Nuevos amigos, nuevas etapas

Una de las cosas más lindas ha sido encontrarnos con personas que están pasando por lo mismo que nosotros. Conectar desde la vulnerabilidad, desde lo nuevo. Sentarte con alguien y hablar de lo que no entiendes, de lo que extrañas, de lo que no sabías que ibas a sentir.

Pero también ha sido muy lindo darnos cuenta de que nuestros amigos de siempre siguen ahí. Y que aunque estén lejos, son parte de esto también.

Algo que no me esperaba era lo mucho que iba a aprender de las personas que he conocido aquí. Personas de Singapur, de otras partes de Asia, que me han recibido con curiosidad, con apertura, con respeto. Y que me han enseñado, sin proponérselo, a ver el mundo desde otro ángulo.

He tenido conversaciones con gente que piensa distinto, que viene de religiones, costumbres y prioridades totalmente diferentes a las mías. Y en lugar de sentirme lejos, me he sentido más conectado. Porque hay algo muy humano en escuchar cómo otro ve la vida, qué valora, qué sueña, qué teme.

Me ha sorprendido lo empáticos que son, lo familiares, lo leales a sus raíces. Hay algo muy fuerte en cómo conservan sus tradiciones y al mismo tiempo están abiertos al mundo. Y eso me ha hecho pensar también en las cosas que uno mismo a veces olvida de su propia cultura.

Valorar lo que se tenía

Después de casi dos meses sin casa, viviendo en un hotel, uno empieza a valorar cosas que antes no veía: una cama propia, una ducha propia, un lugar donde dejar tu ropa. Hoy, tener un espacio donde vivir me sabe a hogar de verdad.

Y también valorar a las personas que te ayudaban en casa. Porque hoy estamos cocinando, lavando, haciendo todo. Y es cansado a veces, pero también es parte de la vida. Nos ha hecho más conscientes, más agradecidos.

Desapegarse. Soltar. Volver a construir

En menos de un mes desarmamos nuestra vida en México. Regalamos, vendimos, pintamos el apartamento, entregamos llaves. Y en el mismo tiempo, acá conseguimos casa en menos de un mes, ya compramos algunos muebles y ya tenemos una nueva rutina.

Eso me ha enseñado a soltar sin miedo. A no apegarme tanto. Y a confiar en que uno puede volver a armar lo suyo en cualquier parte.

No soy ni de aquí, ni de allá

Y eso está bien. Entendí que no tengo que aferrarme a una identidad fija. Hoy soy del lugar donde estoy. Soy del presente. Y eso me hace sentir libre, aunque a veces duela.

¿Tomé la decisión correcta?

Hay días donde uno duda. Donde se pregunta si fue buena idea, si valía la pena dejar todo. Pero luego me acuerdo de que desde niño quise conocer el mundo. Que este era uno de mis sueños. Y que hoy, ese sueño lo estoy viviendo.

Así que sí. Aunque tenga momentos difíciles, estoy donde quiero estar.

En pareja, todo se amplifica

Hacer esto en pareja puede unir o separar. A nosotros nos ha unido. Hablamos más. Nos contamos el día como si volviéramos del colegio. Aprendimos a confiar más el uno en el otro. A crecer juntos, pero también a sostenernos cuando alguna de las dos partes flaquea.

Y lo más importante: aprendimos a fracasar juntos también. A tomar decisiones en equipo. Y si no salen bien, seguir caminando juntos igual.

Hoy me siento más joven. No por la edad, sino por lo que me permito aprender. Por lo que estoy dejando atrás. Por lo nuevo que estoy abrazando.

Y sobre todo: me siento muy agradecido. Por cada persona que ha sido parte de este camino, desde cualquier etapa de mi vida. Gracias.

Alguien acá me dijo hace poco:

Una sola conversación puede cambiarte la vida.

Y me quedó sonando. Tal vez esto que escribo sea eso para alguien. Si estás leyendo esto y estás en una etapa de cambio, o pensando si lanzarte o no… solo puedo decirte: si te hace sentido, hazlo. No es fácil. Pero vale la pena.

Gracias a Natalia

No puedo terminar de escribir todo esto sin agradecerle a mi esposa.

Nada de esto habría sido posible sin ella. No solo porque fue su oportunidad profesional la que nos trajo a este lado del mundo, sino porque en medio de todo este cambio, su forma de ver las cosas, su fuerza, su paciencia y su manera de abrazar la incertidumbre han hecho que yo también crezca.

Nos hemos acompañado en los momentos buenos, pero también en los días en que uno duda, se frustra o simplemente necesita que lo escuchen.

Y lo más valioso: hemos aprendido a confiar en las decisiones del otro, a apoyarnos sin condiciones, y también a aceptar que si alguna decisión no sale como esperábamos, igual la tomamos juntos. Y ahí seguimos.

Siento que este cambio de país nos ha conectado más que nunca. Porque no solo estamos construyendo una nueva vida, estamos también reconstruyéndonos a nosotros mismos. Y hacerlo con ella a mi lado, lo cambia todo.

Gracias, Amor. Por estar. Por confiar. Por seguir caminando conmigo.

Jaime

singaporerelocationpersonalasia
CompartirXLinkedIn

Comentarios(0)

Sé el primero en comentar.

Markdown ligero (**bold**, *italic*, [texto](url), `code`). Los comentarios se moderan.

Tu email es privado. Tu IP se conserva 90 días contra spam. Privacidad.

Sigue leyendo